miércoles, 11 de enero de 2023

UN AÑO PARA FRENAR A LOS FONDOS BUITRE

 

Una vez más, una directiva europea podría ser clave para remediar la indefensión de miles de deudores hipotecarios. En 2023 España tiene que adaptar su legislación a la directiva europea 2021/2167, que eleva la protección a los ciudadanos que han visto cómo sus hipotecas que no pudieron pagar fueron vendidas a fondos extranjeros (buitres), muchos en paraísos fiscales a precios muy devaluados, (hasta la décima parte de su valor), mientras sus compradores podían seguir reclamándoles el 100% de su deuda. Todo ello ocultándolo al deudor.

Durante la última década, los bancos han vendido cientos de miles de inmuebles y préstamos a fondos oportunistas, a precios tirados. Según Axis Corporate, las ventas han ascendido a 213.850 millones de euros entre 2008 y 2021. No precisa el número de viviendas afectadas. El artículo 1.535 del Código Civil, inspirado en principios de "humanismo y benevolencia" del derecho romano, permite que el deudor pueda liberarse de su deuda abonando lo que había pagado el comprador. Así lo han interpretado algunos jueces y Audiencias como la de Girona, que permitían a los deudores saldar sus deudas abonando el precio pagado por los fondos.

Esta posibilidad fue rechazada en 2015 por el Tribunal Supremo, que optó por priorizar los intereses de los bancos. Consideró que había que tener en cuenta el "intenso proceso de reestructuración y reforzamiento de los recursos propios del sistema financiero de este país, sumido en una profunda crisis" y que por ello "no hay cabida para que los deudores puedan retraer las operaciones que dejaron impagadas y en situación de litigiosidad".

Una interpretación calificada de "muy restrictiva" por destacados juristas, como el magistrado Edmundo Rodríguez. Otro magistrado, Diego Gutiérrez, estima que "el problema es que el Tribunal Supremo está imbuido de presupuestos neoliberales y piensa que hay que ayudar al sistema financiero". En su opinión, "con la legislación vigente ya teníamos herramientas para hacer una interpretación más favorable al deudor". En Las falacias económicas que repercuten en la jurisprudencia (Boletín 86 de Juezas y jueces para la Democracia) considera que "el verdadero problema ha sido el endeudamiento privado" y que la mejor solución para la economía es la reducción de la deuda de los particulares.

La mayor sensibilidad del Supremo con la banca se comprende si tiene en cuenta que el ponente de la referida sentencia fue Sebastián Sastre Papiol, quien antes de ser nombrado magistrado por el Consejo General del Poder Judicial en 2012, había sido director de los servicios jurídicos de La Caixa durante 25 años. Contradicción que ya había sido destacada por reconocidos juristas como Fernando Zunzunegui y Fernando Gomá.

El Supremo ha mantenido su postura en posteriores sentencias. Solo una ley puede equilibrar la situación. El Gobierno debe transponer cuanto antes la directiva para elevar los derechos de los deudores y asegurar que tengan toda la información de estas ventas opacas, incluido el precio que ahora no tienen.

Andreu Missé  9 enero 2023

 

 


domingo, 20 de noviembre de 2022

El reto de alimentar a 8.000 millones de personas: regenerar tierras, desperdiciar menos y comer insectos

 

La reducción del consumo de carne, una agricultura regenerativa o reducir el kilometraje de los alimentos son algunas ideas para garantizar los alimentos para todo el mundo ahora que el planeta ha superado un nuevo récord de población

— La población mundial llega a 8.000 millones: India, a punto de superar a China como el país con más habitantes


En el mundo se producen alimentos más que suficientes para alimentar a los 8.000 millones de habitantes del planeta, pero tras una década de descenso constante, el hambre vuelve a aumentar y ya afecta al 10% de la población mundial. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas, los efectos de la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania han contribuido a una de las peores crisis alimentarias en décadas. En 2019, otras 200 millones de personas en todo el mundo se vieron afectadas por inseguridad alimentaria aguda, debido al aumento de los costes de los alimentos, el combustible y los fertilizantes.

Esto no es todo; se avecinan problemas mayores. El mundo ya tiene más de 8.000 millones de habitantes y se prevé que alcance los 10.000 millones en 2050. Los agricultores, los gobiernos y los científicos se enfrentan al reto de aumentar la producción de alimentos sin agravar la degradación del medio ambiente y la crisis climática, que a su vez contribuye a la inseguridad alimentaria en el sur global.

La ONU prevé que la producción de alimentos a partir de plantas y animales tendrá que aumentar un 70% en 2050, comparado con 2009, para satisfacer la creciente demanda de alimentos. Sin embargo, la producción de alimentos ya es responsable de casi un tercio de las emisiones de carbono, así como del 90% de la deforestación en todo el mundo.

“Utilizamos la mitad de la tierra de cultivo del mundo para la agricultura”, afirma Tim Searchinger, investigador de la Universidad de Princeton. “Eso es sumamente perjudicial para el medio ambiente. No podemos resolver este problema pasando a una agricultura más intensiva porque eso requiere más tierra”. “Tenemos que encontrar una forma de disminuir nuestros recursos [tierra] y al mismo tiempo aumentar nuestra producción de alimentos”, indica.

Lo cierto es que no existe una fórmula mágica para lograr este objetivo. Será necesaria una revisión de cada paso de la cadena de producción de alimentos, desde el momento en que se plantan las semillas en el suelo hasta el momento en que los alimentos llegan a nuestras mesas.

El cambio hacia la agricultura regenerativa

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el modelo predominante ha sido la agricultura de subsistencia: la población cultivaba cosechas y ganado para alimentar a sus hogares en lugar de venderlos para obtener beneficios. Esto empezó a cambiar tras la Revolución Industrial y la aparición del capitalismo de mercado, que presenció también el aumento de la agricultura de plantación, posible gracias a la colonización de tierras de ultramar y a la mano de obra esclava.

La agricultura industrial no sólo aumentó la escala de los cultivos, sino que cambió las técnicas utilizadas por los agricultores. En lugar de rotar los cultivos cada año, se dedicaban plantaciones enteras a un solo cultivo. Este enfoque de monocultivo, unido a los modos intensivos de cultivo, condujo a la destrucción de la biodiversidad local y a la degradación de la tierra: en pocos años los campos dejaban de producir frutos.

Según Frank Uekötter, profesor de humanidades medioambientales de la Universidad de Birmingham, las plantaciones de los siglos XVIII y XIX eran un plan para hacerse rico rápidamente, más que una inversión estable a largo plazo. Los propietarios de las plantaciones sacaban el máximo beneficio de sus tierras en un corto periodo de tiempo. Una vez que un campo quedaba inservible, simplemente se trasladaban a otras tierras. “Hasta finales del siglo XIX, la modernidad global todavía no había reclamado amplias franjas de nuestro planeta”, afirma Uekötter.

Esta mentalidad de la época colonial persiste, mientras nos quedamos rápidamente sin tierra de cultivo. “El paradigma agrícola actual es que la tierra es barata e infinita”, subraya Crystal Davis, del Instituto de Recursos Mundiales. “La mayoría de los agricultores se limitan a talar más árboles, cuando se necesitan nuevas tierras”.

“Pero para cumplir nuestros objetivos ecológicos, tenemos que detener la conversión de los ecosistemas naturales en tierras de cultivo”, dice Davis. “Podemos conseguirlo en parte devolviendo a las tierras degradadas su integridad ecológica y su productividad”.

                              Fresas en un cultivo en Pelluhue (Chile)

La restauración de la tierra no tiene por qué significar devolverla a su estado original, anterior a la agricultura. “Hay una solución híbrida en la que estamos devolviendo los árboles y otros elementos naturales al paisaje a la vez que integramos los sistemas de producción”, dice Davis. “Los sistemas integrados con árboles y otras plantas suelen ser más sostenibles y productivos a largo plazo”.

Davis señala la iniciativa 20x20, por la que 18 países de América del Sur y el Caribe, entre ellos Argentina y Brasil, se han comprometido a restaurar 50 millones de hectáreas de tierra para 2030. La iniciativa incluye una serie de proyectos destinados a introducir prácticas agroforestales en las explotaciones de cacao y café de Colombia y Nicaragua, donde se insta a los agricultores a cultivar e introducir más árboles en sus tierras.

Reducir el kilometraje de los alimentos 

martes, 15 de noviembre de 2022

¿IMPUESTOS EXTRAORDINARIOS?

 


Se deben gravar los llamados beneficios ‘caídos del cielo’ porque las empresas deben hacerse cargo de su parte en el sostenimiento de los bienes públicos. Una cooperación que sería la mejor manera de navegar esta crisis y fortalecer nuestras instituciones

Desde los años noventa se creó un consenso que impide usar la política fiscal como instrumento de estabilización de la demanda. Este consenso llevó a eliminar mucha de la progresividad de los impuestos directos (el binomio IRPF más impuesto de Patrimonio y Sociedades) que era la forma en la que la política fiscal se hacía contingente: un aumento de la renta nominal acarreaba un aumento del tipo marginal y viceversa. Este consenso ha vuelto la política fiscal muy inflexible y con poca capacidad de respuesta ante contingencias inesperadas. Desde entonces, es la política monetaria, no la fiscal, la que suele hacer frente a las consecuencias indeseadas de los ciclos económicos. Lo hace mediante cambios en los tipos de interés de referencia o con distintas formas de expansión cuantitativa (quantitative easing, en la jerga) que se han usado desde la Gran Recesión y, especialmente, a combatir la pandemia. De hecho, al no subir los impuestos a las personas y a las empresas con más recursos, el gasto público antipandemia (de cuya necesidad y efectos benéficos no dudamos) se está financiado hoy con un impuesto regresivo: la inflación. Inflación que se combate ahora con subidas de tipos de interés que también son regresivas. Es decir, aunque la política monetaria se implementa con más rapidez, tiene enormes y muy desafortunadas consecuencias distributivas.

Pero ni la política monetaria ni la política fiscal están pensadas para hacer frente a una pandemia o a tiempos de guerra. Por eso, al suceder lo improbable, tenemos que hacer políticas extraordinarias. Por ello, en la pandemia articulamos unos mecanismos masivos de préstamos del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) para salvar nuestras empresas. Nadie protestó por inseguridad jurídica entonces. Todo lo contrario. Lo que no habíamos discutido hasta la fecha es cómo pagar toda esa factura que, de momento, ha engordado el montante de la deuda pública para regocijo de demasiados tiburones financieros. Ahora, con un nivel de deuda pública que supera el PIB anual, hay que equilibrar el presupuesto. Nos toca pagar impuestos, y el Gobierno (también en Europa) debe diseñar y explicar muy bien a quién se grava y el alcance de esos impuestos. Tales gravámenes extraordinarios deberían decaer en cuanto acabe la urgencia.

Parece deseable gravar los llamados beneficios caídos del cielo (windfall profits) de las eléctricas. Estos se producen porque los derechos de emisión de CO₂ aumentan el precio de la electricidad. Puesto que las energías limpias no contaminan, las empresas que las producen tienen esos beneficios caídos del cielo a través de un precio eléctrico inflado por razón regulatoria. Es decir, el diseño de mercado de emisiones junto con el mercado marginalista hace que los precios de los derechos de emisión sean un impuesto sobre las energías fósiles que, implícitamente, están subvencionando a las energías limpias. Preguntarnos si esos windfall profits son excesivos es equivalente a preguntarnos si esa subvención es adecuada. Si es demasiado alta, en vez de animar a las empresas a que innoven, estamos premiando que se adocenen. Una parte de esos beneficios caídos del cielo se debe, además, al comportamiento especulativo de los mercados financieros. Por tanto, el mercado secundario de derechos de emisión debe vigilarse para cortar el contagio de turbulencias financieras a los precios energéticos.

martes, 30 de agosto de 2022

HOY ESTOY ENFADADA

 

Normalmente no me enfado por casi nada; pero hoy estoy enfadada, porque me he puesto a pensar.

No es que no sepa, es que en general la gente tenemos poco tiempo para hacerlo. Sólo los jubilados, los locos, los parados, los que no van de vacaciones como yo, y cada vez menos, los niños, nos “encantamos” de vez en cuando.

(esta expresión catalana expresa a la perfección lo que les pasa a los niños que se quedan pensativos y ya no oyen, no ven, están para adentro, en una profunda reflexión)

Bueno, pues yo estaba encantada, reflexionando sobre la pregunta: ¿quién pagará la crisis? …Y cuando he pensado en la respuesta me he encendido: porque ¿por qué demonios tenemos que pagarla los de siempre? Y sigo pensando… Esto pasa, porque, como dice el refrán, el que no llora no mama…y ahora pienso que es un refrán muy feo, no deberíamos dejar llorar de hambre a las criaturas, ¿no creéis?

Pues nosotros, los paganos de siempre, no es tengamos que ponernos a llorar, es que tendríamos que estar berreando de la rabia. En la calle, por las plazas, en los mercados, tendríamos que gritar que no, no tenemos porqué pagar los platos rotos de los de siempre.

Los que cada día nos aprietan las clavijas unas vueltitas más, como si fuéramos máquinas.

Los que nos dan siempre gato por liebre, con el consumo, el crecimiento infinito, las hipotecas, el plan de jubilación o el euribor, (cuentos, paparruchas, mentiras de las gordas).

Los mismos que meten sus ahorrillos en paraísos fiscales, mezclados con los dineros de las mafias (pero, ¿ es que no sabéis que el dinero sucio se puede lavar y sacarlo mediante empresas ad oc blanquito y limpito como la ropa lavada con barbariel?) 

Los que defienden sus intereses, por encima de la vida la gente, de su libertad y de sus esperanzas. Y lo mismo vale para los políticos que les hacen el juego, a cambio de unas migajas de poder.

Estos son los que la han armado buena, y el único, o casi, que ha pagado con 250 años de cárcel ha sido Maddoff….

LA CRISIS NO TIENE SOLUCIÓN SI NO IMPLICA USAR MUCHA MENOS ENERGÍA


Jorge Riechmann (Madrid, 1962), profesor de filosofía moral de la UAM, ensayista y poeta, ha dedicado su extensa obra a analizar la dimensión de la crisis ecológica. Sus reflexiones quedan recogidas en libros como “Otro fin del mundo es posible”, “Informe a la Subcomisión de Cuaternario” o “Ecosocialismo descalzo”. Él mismo confiesa que ha sufrido la "ecodepresión".

¿Usted hará caso a las medidas que propone el Gobierno para reducir el consumo de energía?
¡Cómo no! Son medidas de ahorro insuficientes y que llegan tarde, pero más vale eso que nada. Para poder seguir viviendo en una Tierra habitable, necesitamos reducir drásticamente nuestro uso de energía en el Norte global.

¿Toma medidas en este sentido?
Medidas personales, sí: no tengo coche, nunca lo tuve; dejé de comer carne en 1993, dejé de volar en 2015 y antes nunca lo hice en distancias cortas; uso pocos electrodomésticos, nada de televisión ni aire acondicionado; mi suministro eléctrico es con la cooperativa, Som Energia, que fomenta las fuentes renovables.

Para poder seguir viviendo en una Tierra habitable necesitamos reducir drásticamente nuestro uso de energía en el Norte global

¿Tiene sentimiento de ecoansiedad o culpabilidad en el actual momento?
Viví mi “ecodepresión” en 2013-2014: fue cuando llegué a la conclusión de que no seríamos capaces de evitar la cadena de desastres que podemos llamar colapso. Hoy tengo un fuerte sentimiento no de ecoansiedad  sino de pena, y algo de culpa, porque los movimientos ecologistas, con los que me identifico, no fuimos capaces de cumplir nuestra “misión histórica”: el giro hacia la sustentabilidad no se consumó, y en los años 1970-1980 perdimos frente al empuje del capitalismo neoliberal. Eso fue una tragedia para la humanidad (y para toda la vida en el planeta) y nos sitúa frente al abismo en el que ahora nos encontramos.

¿Cómo definiría a esta situación? ¿Estamos ante las consecuencias del final del petróleo barato?
Hay dos verdades que, más que incómodas -dice refiriéndose a la expresión an inconvenient truth que Al Gore acuñó-, que son inaceptables desde la visión que predomina sobre el mundo. Pero si no nos hacemos cargo de la realidad estamos perdidos.

La primera es que el calentamiento global, más bien hay que hablar de tragedia climática, no significa algunas molestias más para nuestra vida cotidiana, como un poco más de calor en verano, disponer de algo menos de agua de lo que solíamos: lo que está en juego son sociedades inviables en una Tierra inhabitable. Y la segunda es que la crisis energética no tiene ninguna solución que no implique vivir usando mucha menos energía, lo que significa empobrecimiento de algún tipo. No aceptamos que buena parte de lo que hemos llamado “progreso” y “desarrollo” a lo largo de los dos últimos siglos se debe en buena medida a la excepcionalidad histórica de los combustibles fósiles y a la estupefaciente sobreabundancia energética que nos proporcionaron.

Y aboga en sus libros por consumir menos y repartir mejor...
En el nivel de consumo actual de España, con las enormes desigualdades y la violenta fractura social existente, el planeta no podría soportar más que a 2.400 millones de habitantes, ¡y ya somos 8.000 millones!

jueves, 25 de agosto de 2022

Nucleares y CO2 ¿Quién miente?


Estamos en pleno rifirrafe del Cambio Climático, y los posnucleares uno de los argumentos principales que esgrimen, si no el principal, es que hay que mantener las nucleares porque la energía nuclear es la más limpia con cero emisiones de CO­2.

Por el contrario en escritos de diferentes plataformas ecologistas se puede leer que este hecho es falso, que la nuclear es igual de sucia que las otras energías no renovables, pues para producir un Kwh nuclear se genera tanto CO­2 como para producir un kwh mediante combustibles fósiles. Esta generación de CO­2 no se produce en la central nuclear, sino en el proceso previo de enriquecimiento del uranio, por lo que de ser así está claro que la energía nuclear sería igual de sucia que las otras. En concreto se puede leer en esos escritos que se genera entre 150 y 300 kg de CO­2 por Megawatio de electricidad nuclear, casi tanto como una central térmica de ciclo combinado.

Sin embargo cuando los medios de comunicación transmiten que la energía nuclear es completamente limpia jamás cuestionan lo que acabamos de exponer, por lo que pensamos que, o no se han enterado o no se quieren enterar. Lo que está claro es que o los pronucleares o los ecologistas están engañando a los ciudadanos. Dada la trascendencia de este asunto sólo está en los medios de comunicación ponerlo sobre la mesa y que se aclare quien está mintiendo. Y no estamos hablando de residuos, sólo estamos hablando de CO­2

 

 

jueves, 11 de agosto de 2022

ESTO LO CAMBIA TODO. EL CAPITALISMO CONTRA EL CLIMA.

Os dejamos este artículo publicado en la web de Attac Catalunya

"Lo que está pasando ahora en el planeta ya lo predijo Naomi Klein hace 7 años cuando presentó su libro “Esto lo cambia todo. El Capitalismo contra el Clima”.

En este ensayo, la activista canadiense fija su mirada en el calentamiento de la Tierra. En líneas generales, el suyo era un mensaje esperanzador, siempre y cuando se fuese reduciendo, a partir de ese momento, la utilización de combustibles fósiles. El libro (también) es una furibunda crítica al sistema capitalista que impera hoy.

Os dejamos la charla de Naomi Klein cuando presentó su libro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en una conferencia en la que también participó Yayo Herrero (FUHEM)"



            https://attac-catalunya.cat/


martes, 2 de agosto de 2022

Ideas, intereses e instituciones en la reforma de la fiscalidad de las empresas multinacionales

 


1.   Introducción

La globalización económica siempre ha tenido una gobernanza limitada e imperfecta, prácticamente inexistente en el ámbito de la fiscalidad internacional. La capacidad de las grandes empresas multinacionales o de individuos con elevada riqueza para eludir o evadir impuestos se había convertido en los últimos años –y muy especialmente desde la Gran Recesión de 2008-2010–, en una importante fuente de deslegitimación de la integración económica internacional (Rodrik, 2011). Sin ir más lejos, la OCDE estimaba en 2021 que, debido a estas prácticas fiscales agresivas, las autoridades dejan de recaudar anualmente entre 100.000 y 240.000 millones de dólares, equivalentes a entre un 4% y un 10% de todos los ingresos sobre el impuesto de sociedades a nivel mundial (OECD 2021:13).

Aunque en la última década el tema de la creciente desigualdad y el desigual reparto de las ganancias de la integración económica y financiera internacional ha saltado al debate público, lo cierto es que no había sido posible llegar a un acuerdo para la regulación de los paraísos fiscales y de la evasión y elusión fiscal por parte de empresas transnacionales. Sin embargo, el 30 de octubre de 2021, tras los importantes aumentos de déficit y deuda pública ocasionados por la respuesta económica a la recesión derivada de la pandemia de COVID-19, y bajo el decidido impulso estadounidense, los líderes del G20 aprobaron en Roma una Declaración de coordinación tributaria que supone un gran paso adelante en la fiscalidad global e, indirectamente, en la gobernanza de la globalización financiera. Este acuerdo, alcanzado sobre la base de la iniciativa para combatir la erosión de las bases imponibles y el traslado de beneficios (BEPS, por sus siglas en inglés) dentro del Marco Inclusivo de la OCDE/G20, se sustenta en dos pilares: un conjunto de normas para reasignar parte de los beneficios de las multinacionales a los lugares donde concentran sus ventas (aunque no tengan establecimiento permanente, como suele ser el caso de los gigantes digitales) y otro para evitar que el juego de cadenas de filiales y discrepancias en las retenciones por pagos intragrupo eluda una imposición mínima de sociedades (OECD, 2021).

El acuerdo debería entrar en vigor a partir de 2023 y reemplazaría a los impuestos digitales unilaterales establecidos en los últimos años por algunos países europeos. Su puesta en marcha se llevará adelante en el Marco Inclusivo de la OCDE para BEPS, del que son miembros 141 países y jurisdicciones y en el que todavía faltan por negociarse multitud de detalles prácticos. Si se logra una efectiva implementación del acuerdo –algo que todavía no está plenamente asegurado–, aumenta la recaudación y se evita que muchas grandes empresas multinacionales eludan cualquier tipo de gravamen, se habrá dado un paso importante tanto en la gobernanza de la globalización como en su legitimación. Además, la comunidad internacional habrá demostrado que es capaz de alcanzar e implementar acuerdos en un contexto de creciente erosión de la cooperación multilateral y en un asunto que, a ojos de la mayoría de la ciudadanía, exigía una sólida respuesta.

Este artículo aborda esta cuestión y plantea dos objetivos. Por una parte, explicar por qué y cómo se ha llegado a este acuerdo en 2021, cuando desde el punto de vista económico ya existía desde hace años un consenso sobre la necesidad de regular la fiscalidad de las empresas multinacionales y terminar con el “modelo de negocio” de los paraísos fiscales. Por otra, desgranar su complejo contenido y su posible impacto económico, así como sus problemas de implementación. Para ello, en primer lugar, se plantea por qué era necesario un acuerdo, describiendo las estrategias de las empresas multinacionales para eludir su carga fiscal, así como el impacto económico de dichas prácticas; en segundo lugar, a partir del marco teórico de economía política planteado por Hall (1997) que explica los cambios en políticas públicas a través del papel combinado de las ideas, los intereses y las instituciones, identificaremos los principales vectores que han propiciado el acuerdo; finalmente, detallaremos el contenido del pacto (los llamados Pilares I y II) y evaluaremos sus potenciales repercusiones económicas.

2.   ¿Por qué un acuerdo? ¿Por qué ahora?  

Nuestros cuerpos ancestrales no mantienen el ritmo del cambio

 


Heather Heying, bióloga evolucionista

Incoherencia
Heather Heying y su marido, Bret Weinstein, se doctoraron juntos en Biología, y juntos han recibido varios premios por la calidad de sus investigaciones sobre la evolución y la adaptación. Ahora publican en España el resultado de más de veinte años de investigación, Guía del cazador recolector para el siglo XXI. Cómo adaptarnos a la vida moderna (Planeta), que es número uno en ventas en EE.UU. y que plantea lo siguiente: “Los principales retos a los que nos enfrentamos provienen de la incoherencia entre el estilo de vida que tenemos y nuestro legado evolutivo. Hemos evolucionado para vivir en clanes, pero no conocemos el nombre de nuestro vecino. La supervivencia en las sociedades primitivas dependía de nuestras diferencias sexuales que hoy se ponen en duda, y hemos alterado los hábitos de alimentación, sueño y educación”.

-¿Somos cuerpos antiguos en un mundo moderno?
Somos evolución, pero nuestros cuerpos ancestrales no mantienen el ritmo del cambio.

-¿Todo va demasiado deprisa?
La estructura de nuestros cuerpos apenas ha cambiado en los últimos 200.000 años, pero los contextos que nos rodean no han dejado de cambiar a una velocidad cada vez mayor.

-¿Y?
Afrontamos retos para los que nuestras estructuras mentales y fisiológicas no están preparadas. Generamos nuevos problemas a gran velocidad y eso afecta a nuestra salud física, mental, social y medioambiental.

-En eso somos los mejores.
Si no encontramos el modo de afrontar la novedad desaforada, la humanidad perecerá víctima de su propio éxito.

-Pero vivimos la época más próspera de nuestra historia.
Cierto, pero, sin embargo, tal como indican las estadísticas, las personas están más desganadas, enfadadas, extremas, ansiosas y deprimidas que nunca.

-¿El progreso nos sienta mal?
Se trata de una cuestión de hipernovedad. Somos los mejores y los más capaces de hacer frente al cambio, pero nuestros cuerpos, cerebros y almas no pueden seguir el ritmo.

-Nuestras almas, ¿a qué se refiere?
Somos más de lo que podemos comprender que somos, y parte de eso es la conexión entre nosotros, la conexión con el medio natural y con los otros seres.

-¿La conciencia colectiva está desapareciendo o cambiando?
Utilicemos la metáfora de la hoguera: a lo largo de la historia las personas se reunían en torno al fuego para compartir historias, esto es una conciencia colectiva.

-Ahora nos reunimos en torno al móvil.
La tecnología es maravillosa, pero de acuerdo con nuestra estructura sería aún más maravilloso si estuviéramos en la misma sala y pudiéramos compartir átomos y moléculas y no solo nuestras voces e imágenes. Hemos aplanado nuestra versión a solo dos dimensiones.

-¿A qué estamos renunciando?
En los países ricos se da un fenómeno peligroso al que llamamos el éxtasis del lactante: la renuncia a la conciencia colectiva a través de una serie de decisiones económicas y sociopolíticas poco convenientes a largo plazo.

-¿Somos cortoplacistas?
Si escribes en Twitter una reacción visceral, vas a estar enfadado, a ser menos eficaz en el trabajo y a tener peores relaciones ese día.

-Todo eso antes no pasaba.
Hace 10.000 años si ponía unas piedras para cruzar un riachuelo y me iba al agua, aprendía, porque todo se resumía a causa y efecto. Hoy por hoy, los sistemas son tan complejos que perdemos el control.

- La medicina ha evolucionado para bien.
Hace 30 años aún se pensaba que lo correcto era bajar la fiebre, sin embargo ahora sabemos que la fiebre es la respuesta adaptativa del cuerpo a un patógeno. El cuerpo sabe que el patógeno no sobrevive a altas temperaturas, y si reducimos la fiebre ayudamos al patógeno.

-¿Qué me quiere decir?
Es uno de tantos ejemplos del pensamiento de la biología evolucionista que no ha llegado a las corrientes principales. El problema es que somos arrogantes y reduccionistas.

-¿Reduccionistas en qué sentido?
Si divides un gran sistema en partes y las catalogas e identificas, el sistema siempre será mayor que la suma de las partes.

-¿Es una verdad científica?
Sí. Por ejemplo, reducimos los alimentos a química. Durante nuestra historia las cosas que sabían ricas eran buenas para nosotros. Antes chupábamos caña de azúcar, hoy fabricamos productos con azúcar. Hemos convertido un bien para nosotros en un mal.

-¿Cuáles son las principales disfunciones que ha creado la aceleración?
Psicológicamente, físicamente y socialmente no estamos sanos. Físicamente tenemos
dolencias y enfermedades que antes no existían , el sedentarismo, la contaminación.

-Psicológicamente.
Solemos llevar una vida muy desconectados unos de otros; aunque vivamos hacinados en ciudades, nos sentimos solos y la respuesta suele ser farmacológica en lugar de social. Nos falta la hoguera.

-¿El Homo sapiens tenía insomnio?
Solo ocasionalmente. A menudo lo que nos mantiene en vilo son la luz del exterior, el ruido y la luz azul de las pantallas.

-¿Estaríamos sanos si siguiéramos el ciclo de la naturaleza?
Si pudiéramos experimentarlo uno o dos años, nuestros cuerpos y mentes se transformarían, pero vivimos en función del reloj, que es algo absolutamente artificial.

-¿El problema es evolutivo?
Sí, y la solución también. Deberemos repensar nuestras capacidades y necesidades sociobiológicas y actuar en consecuencia.

 

IMA SANCHÍS    La Contra   Click News